miércoles, 26 de septiembre de 2007

La fiesta en el edificio grande.

Va un pequeño ejercicio. De momento sería interesante ver quién se prende para tirar del hilo y proponer reelaboración, apunto principalmente a un candidato (usted, emm.m!, he leído su guión pero se lo contesto por e-mail, pero mientras tanto fíjese la cuestión de los rascacielos); peeero sé de algunxs visitantes que están manteniéndose en el anonimato (por ejemplo: usted Srta.Vi!!!! que compone tan bien los relatos de sus sueños, y lo que sigue también le compete entonces)... Ya que meses atrás comencé a escribir mis sueños apenas me levantaba, hace un par de meses dejé de hacerlo y no dejo de lamentarme, porque cada vez que los leo quedo enajenada. Algunos son demasiado terribles, y otros...todavía me falta confianza para mostrarlos. Este que voy a mostrar ahora no me cierra para nada con el proyecto clase-b, parece más bien un apunte para un tv film que no es exactamente a lo que yo me refiero cuando pienso en cine clase-b. De todos modos, y pensando también en otros vivitantes, incluso a quienes desconozco, tómenlo como un relato bastante mal escrito, y piérdanse en la trama de mi intrincada familia. Una referencia espaciotemporal: el sueño fue en julio de este año, antes de rendir el examen final del Seminario de Informática y Sociedad. Los dejo tonz con él, no modifiqué nada más que los nombres, los cuales reduje a su letra inicial, adosando breve explicación de su relación con la sujeta que ahora les habla.
...
Era un barrio, algo pequeño y atestado. Pienso ahora que parecido a Pablo Nogués. Salíamos de un chalet, bastante feo y oscuro, dábamos vueltas en coche. Éramos varios, entre ellos un hombre rubio de unos treinta años, grande de cuerpo, infantil en sus modos. No era ninguno que yo pueda reconocer.
Íbamos a un edificio, alto, con muchos ascensores y posibilidades de ascenso. La familia estaba completa, abuelos, primos, papá, mamá, las chicas y el pendejo. Nos desplazábamos por varios pisos, no sé a cuál teníamos que llegar. Había cámaras. Es la era digital, todo tienen la suya. La historia sucedía ahora, yo estaba pronta a rendir mi último examen; A* -mi hermano, el pendejo- con su último peinado; todos grandes y bulliciosos.

En un momento, varias copas de champán sobre una mesa, C* -mi abuela paterna, una anciana deliciosa, que me emociona hasta las lágrimas- otra mujer y yo. A pesar de la tentación no sé que nos detiene y nos metemos al ascensor sin bebida en nuestras manos; sin embargo, ya prontas a ascender, C* en un acto de picardía baja corriendo a tomar una copa y vuelve con nosotras al receptáculo.
Poco después, muchos pisos más arriba: papá y A* estaban muertos. Inexplicablemente. Había sucedido por separado, no ví cuerpos ni muchedumbres. Sólo yo y el sujeto rubio lo sabíamos, al menos lo de mi padre; lo de A* me fue informado por el sujeto rubio. Estaba desolada, no podía hablar, estaba sola –el sujeto rubio se había ido o ya no importaba, o tal vez nuca estuvo-, traté de bajar varias veces, no encontraba el modo.
Apenas abajo la veo a J* -la hermana grande, ella siempre refulgente y seria-, la abrazo, le quiero contar, las cosas no me salen, todo es muy rápido. Confusiones de llaves, yo quería entrar a un lugar (supongo que para hablar por teléfono, para buscar una persona, tal vez a papá) saber si era cierto.
Finalmente se los puedo contar, llorando a morir, la circunstancia en que se da el relato son las siguientes: después de encontrarme con J*, en el palier del gran edificio (estaba A2* -pareja de J*-, afuera, culpa de problema de llaves, había bastante más gente circulando, era de día) se sumaron otras personas, hasta que una dijo tener una cámara con videos de esa tarde y que los viéramos.
Ahí, en el video, una escena hermosa, donde todos corríamos sin otro propósito, éramos felices y estábamos todos juntos, también estaban papá y A*, hermosos y felices.

martes, 25 de septiembre de 2007

Stars make out dreams, Dreams make out stars.













Hay cientos de fotogramas en la web, elegí éste por el vértigo previo al salto al vacío; él parece por zambullirse, las piernas de ella no dejarán de marcar climas, es el gesto de ellos que me trae la memoria del acontecimiento, van pocos minutos de una pesadilla que ya está en marcha, y sus cuerpos pesan sobre sí mismos y a la vez provocan, van a chocar x liberarse de sí para perderse en otro. Todos intentos vanos, porque nunca somos dueños de nosotros mismos.

Inland Empire. Película sobre los mismísimos centros de producción de fantasías como el cerebro, hollywood, el deseo.
No voy a decir nada sobre ella, la película nunca va a ser más grandiosa; aun más, los intérpretes de siempre, por una vez podrían disfrutar del silencio: este es el cine que es.

Lo que sucedió del otro lado de la pantalla (éste) y del otro lado del mundo (éste) fue que ocho neuróticos salieron de la sala después de tres horas de manoseo de la glándula pineal y sólo lo sintieron como un acto de justicia. Si las máquinas de fabricar sueños no están para hacernos chocar una y otra vez con la misma puerta, pasillo, tronco, camino ... entonces mejor que sean desmanteladas.

Para resumir el horror "I ran to the devil he was waiting" la frase que Lynch nos hace el favor de hacérnosla gritar en la cara x Nina Simone (y su doble); de lo contrario, si al final de la peli, esa fastuosa canción no se presentara en nuestro rescate, probablemente cuando la luz del proyector se hubiera apagado para siempre, nosotros nunca hubiéramos encontrado el camino de salida.

lunes, 24 de septiembre de 2007

La Medusa del capitalismo según Ignatius

Junto a su mesa estaba el escritorio de fuelle de la señorita Trixie. Todos los cajones medio abiertos estaban repletos de periódicos viejos. Entre las pequeñas formaciones esféricas de pelusa que había bajo la mesa, había instalado un trozo de cartón a modo de cuña, para nivelarla. Ocupaban la silla, en lugar de la señorita Trixie, una bolsa de papel marrón llena de trozos de telas viejas y un rollo de bramante. En la mesa había colillas que habían caído del cenicero. este era un misterio que el señor González nunca había sido capaz de aclarar, pues la señorita Trixie no fumaba. Le había pedido varias veces que se lo aclarara, pero jamás había recibido una respuesta coherente. El sector de la señorita Trixie tenía algo magnético, atraía todos los deshchos que hubiera en la oficina, y cuando faltaban plumas, gafas, bolsos o encendedores, normalmente podían hallarse en algún rincón de su escritorio. La señorita Trixie almacenaba también todas las guías telefónicas, que se amontonaban en uno de los atestados cajones de su mesa.

domingo, 23 de septiembre de 2007

¿habrá mejores?




















creo que nos dejamos llevar por
un movimiento superficial y desenfrenado
una tristre historia de lxs que queremos publicarnos
¿ludismo vacío? claro que sí,
pero con algo lo vamos a llenar
apretando apretando para que en la banda ancha
entremos todxs, niños medios
la presencia del enemigo no nos interesa,
amamos detestarlo