Junto a su mesa estaba el escritorio de fuelle de la señorita Trixie. Todos los cajones medio abiertos estaban repletos de periódicos viejos. Entre las pequeñas formaciones esféricas de pelusa que había bajo la mesa, había instalado un trozo de cartón a modo de cuña, para nivelarla. Ocupaban la silla, en lugar de la señorita Trixie, una bolsa de papel marrón llena de trozos de telas viejas y un rollo de bramante. En la mesa había colillas que habían caído del cenicero. este era un misterio que el señor González nunca había sido capaz de aclarar, pues la señorita Trixie no fumaba. Le había pedido varias veces que se lo aclarara, pero jamás había recibido una respuesta coherente. El sector de la señorita Trixie tenía algo magnético, atraía todos los deshchos que hubiera en la oficina, y cuando faltaban plumas, gafas, bolsos o encendedores, normalmente podían hallarse en algún rincón de su escritorio. La señorita Trixie almacenaba también todas las guías telefónicas, que se amontonaban en uno de los atestados cajones de su mesa.
lunes, 24 de septiembre de 2007
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