
Hay cientos de fotogramas en la web, elegí éste por el vértigo previo al salto al vacío; él parece por zambullirse, las piernas de ella no dejarán de marcar climas, es el gesto de ellos que me trae la memoria del acontecimiento, van pocos minutos de una pesadilla que ya está en marcha, y sus cuerpos pesan sobre sí mismos y a la vez provocan, van a chocar x liberarse de sí para perderse en otro. Todos intentos vanos, porque nunca somos dueños de nosotros mismos.
Inland Empire. Película sobre los mismísimos centros de producción de fantasías como el cerebro, hollywood, el deseo.
No voy a decir nada sobre ella, la película nunca va a ser más grandiosa; aun más, los intérpretes de siempre, por una vez podrían disfrutar del silencio: este es el cine que es.
Lo que sucedió del otro lado de la pantalla (éste) y del otro lado del mundo (éste) fue que ocho neuróticos salieron de la sala después de tres horas de manoseo de la glándula pineal y sólo lo sintieron como un acto de justicia. Si las máquinas de fabricar sueños no están para hacernos chocar una y otra vez con la misma puerta, pasillo, tronco, camino ... entonces mejor que sean desmanteladas.
Para resumir el horror "I ran to the devil he was waiting" la frase que Lynch nos hace el favor de hacérnosla gritar en la cara x Nina Simone (y su doble); de lo contrario, si al final de la peli, esa fastuosa canción no se presentara en nuestro rescate, probablemente cuando la luz del proyector se hubiera apagado para siempre, nosotros nunca hubiéramos encontrado el camino de salida.