Va un pequeño ejercicio. De momento sería interesante ver quién se prende para tirar del hilo y proponer reelaboración, apunto principalmente a un candidato (usted, emm.m!, he leído su guión pero se lo contesto por e-mail, pero mientras tanto fíjese la cuestión de los rascacielos); peeero sé de algunxs visitantes que están manteniéndose en el anonimato (por ejemplo: usted Srta.Vi!!!! que compone tan bien los relatos de sus sueños, y lo que sigue también le compete entonces)... Ya que meses atrás comencé a escribir mis sueños apenas me levantaba, hace un par de meses dejé de hacerlo y no dejo de lamentarme, porque cada vez que los leo quedo enajenada. Algunos son demasiado terribles, y otros...todavía me falta confianza para mostrarlos. Este que voy a mostrar ahora no me cierra para nada con el proyecto clase-b, parece más bien un apunte para un tv film que no es exactamente a lo que yo me refiero cuando pienso en cine clase-b. De todos modos, y pensando también en otros vivitantes, incluso a quienes desconozco, tómenlo como un relato bastante mal escrito, y piérdanse en la trama de mi intrincada familia. Una referencia espaciotemporal: el sueño fue en julio de este año, antes de rendir el examen final del Seminario de Informática y Sociedad. Los dejo tonz con él, no modifiqué nada más que los nombres, los cuales reduje a su letra inicial, adosando breve explicación de su relación con la sujeta que ahora les habla.
...
Era un barrio, algo pequeño y atestado. Pienso ahora que parecido a Pablo Nogués. Salíamos de un chalet, bastante feo y oscuro, dábamos vueltas en coche. Éramos varios, entre ellos un hombre rubio de unos treinta años, grande de cuerpo, infantil en sus modos. No era ninguno que yo pueda reconocer.
Íbamos a un edificio, alto, con muchos ascensores y posibilidades de ascenso. La familia estaba completa, abuelos, primos, papá, mamá, las chicas y el pendejo. Nos desplazábamos por varios pisos, no sé a cuál teníamos que llegar. Había cámaras. Es la era digital, todo tienen la suya. La historia sucedía ahora, yo estaba pronta a rendir mi último examen; A* -mi hermano, el pendejo- con su último peinado; todos grandes y bulliciosos.
En un momento, varias copas de champán sobre una mesa, C* -mi abuela paterna, una anciana deliciosa, que me emociona hasta las lágrimas- otra mujer y yo. A pesar de la tentación no sé que nos detiene y nos metemos al ascensor sin bebida en nuestras manos; sin embargo, ya prontas a ascender, C* en un acto de picardía baja corriendo a tomar una copa y vuelve con nosotras al receptáculo.
Poco después, muchos pisos más arriba: papá y A* estaban muertos. Inexplicablemente. Había sucedido por separado, no ví cuerpos ni muchedumbres. Sólo yo y el sujeto rubio lo sabíamos, al menos lo de mi padre; lo de A* me fue informado por el sujeto rubio. Estaba desolada, no podía hablar, estaba sola –el sujeto rubio se había ido o ya no importaba, o tal vez nuca estuvo-, traté de bajar varias veces, no encontraba el modo.
Apenas abajo la veo a J* -la hermana grande, ella siempre refulgente y seria-, la abrazo, le quiero contar, las cosas no me salen, todo es muy rápido. Confusiones de llaves, yo quería entrar a un lugar (supongo que para hablar por teléfono, para buscar una persona, tal vez a papá) saber si era cierto.
Finalmente se los puedo contar, llorando a morir, la circunstancia en que se da el relato son las siguientes: después de encontrarme con J*, en el palier del gran edificio (estaba A2* -pareja de J*-, afuera, culpa de problema de llaves, había bastante más gente circulando, era de día) se sumaron otras personas, hasta que una dijo tener una cámara con videos de esa tarde y que los viéramos.
Ahí, en el video, una escena hermosa, donde todos corríamos sin otro propósito, éramos felices y estábamos todos juntos, también estaban papá y A*, hermosos y felices.
Íbamos a un edificio, alto, con muchos ascensores y posibilidades de ascenso. La familia estaba completa, abuelos, primos, papá, mamá, las chicas y el pendejo. Nos desplazábamos por varios pisos, no sé a cuál teníamos que llegar. Había cámaras. Es la era digital, todo tienen la suya. La historia sucedía ahora, yo estaba pronta a rendir mi último examen; A* -mi hermano, el pendejo- con su último peinado; todos grandes y bulliciosos.
En un momento, varias copas de champán sobre una mesa, C* -mi abuela paterna, una anciana deliciosa, que me emociona hasta las lágrimas- otra mujer y yo. A pesar de la tentación no sé que nos detiene y nos metemos al ascensor sin bebida en nuestras manos; sin embargo, ya prontas a ascender, C* en un acto de picardía baja corriendo a tomar una copa y vuelve con nosotras al receptáculo.
Poco después, muchos pisos más arriba: papá y A* estaban muertos. Inexplicablemente. Había sucedido por separado, no ví cuerpos ni muchedumbres. Sólo yo y el sujeto rubio lo sabíamos, al menos lo de mi padre; lo de A* me fue informado por el sujeto rubio. Estaba desolada, no podía hablar, estaba sola –el sujeto rubio se había ido o ya no importaba, o tal vez nuca estuvo-, traté de bajar varias veces, no encontraba el modo.
Apenas abajo la veo a J* -la hermana grande, ella siempre refulgente y seria-, la abrazo, le quiero contar, las cosas no me salen, todo es muy rápido. Confusiones de llaves, yo quería entrar a un lugar (supongo que para hablar por teléfono, para buscar una persona, tal vez a papá) saber si era cierto.
Finalmente se los puedo contar, llorando a morir, la circunstancia en que se da el relato son las siguientes: después de encontrarme con J*, en el palier del gran edificio (estaba A2* -pareja de J*-, afuera, culpa de problema de llaves, había bastante más gente circulando, era de día) se sumaron otras personas, hasta que una dijo tener una cámara con videos de esa tarde y que los viéramos.
Ahí, en el video, una escena hermosa, donde todos corríamos sin otro propósito, éramos felices y estábamos todos juntos, también estaban papá y A*, hermosos y felices.